REFLEXIONES SOBRE LA JORNADA DE DIDÁCTICA UNIVERSITARIA
Es imprescindible aprender. Nunca hemos de dejar de hacerlo, es tarea de toda una vida, hasta el punto de que cesar de aprender es el máximo envejecimiento, el definitivo. Pero conviene no olvidar que es decisivo enseñar, que alguien enseñe, que alguien nos enseñe.
Aprendemos de múltiples modos y maneras, pero esta variedad no significa que hayamos de desestimar la compañía, la complicidad, la proximidad de quienes nos facilitan, nos procuran, nos acercan, nos posibilitan saber. Podemos intentar engañarnos subrayando que el saber está ahí, al alcance de la mano, que basta hacerse con él, como si se tratara de una noticia o de un objeto, para ser tomado, atrapado, conquistado, consumido. Pero saber requiere toda una incorporación, una apropiación, no es una toma de posesión.
Preparado por Maximino Espino
Cedeño. Profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación. Centro Regional Universitario
de Azuero.
(Reflexión
ante la alerta de la UNESCO de que en
América Latina 2.7 millones de
niños no ingresaron a la escuela primaria en el año 2012 , a que no se han logrado los
objetivos del milenio en materia de cobertura de la educación , a las
condiciones físicas y administrativas
con se inicia el año escolar en
nuestro país y a la
sistemática campaña a nivel mundial por
destruir la educación pública)
La
educación, la que ha de pensar, imaginar y hacer posible una escuela justa,
democrática y equitativa, sigue teniendo tres
finalidades que me parecen más esenciales: contribuir a que la niñez y la juventud vaya armando bien sus
cabezas para comprender y transformar el mundo en el que vivimos, que cuenten con oportunidades y experiencias
propicias a su bienestar personal y que logren conformar sus corazones con buenos sentimientos, disposiciones y
comportamientos con todos los demás, sea cual fuere su origen, cultura y
condición. La formación de personas inteligentes, razonablemente felices y
cívicas, son finalidades necesarias y debidas para una ciudadanía plena en
tiempos repletos de posibilidades y de amenazas como los corrientes. También lo
son para seguir pensando y realizando un mundo más habitable que el actual.
Para hacer posible una sociedad más humana donde las personas valgan más que las
cosas y el ser, más que el tener. No debemos consentir una sociedad y sus
políticas esquizofrénicas que, al mismo tiempo que no reparan en presumir de
grandes palabras (importancia de la educación, calidad de la educación, educación inclusiva,
libertad, democracia), no sólo las vacían de contenidos y derechos efectivos,
sino que sistemáticamente los obstruyen y vulneran.
Creo
que esas finalidades educativas han
de incluirse realmente bajo el universo de los derechos esenciales que es
imperativo garantizar a todas las personas sin ningún género de exclusión;
tienen que ser permanentemente profundizadas, deliberadas públicamente, una y
otra vez recordadas para que no se olviden en tiempos como estos de tanta
desmemoria. El reto, con todo, no sólo consiste en hacerlas un hueco en el
pensamiento. También hay que descender al terreno de las sinergias y los
caminos que es preciso recorrer para alcanzarlas. No basta declarar dónde ir;
hay que hablar del viaje a realizar y cómo hacerlo, con qué aperos y con qué
aliados. No será posible sin que las fuerzas económicas y políticas que rigen
el mundo y cada país en particular coloque realmente el derecho a una buena
educación entre sus prioridades y cómo en la práctica están haciendo lo
contrario. Habrá que seguir denunciándolo con ardor. Tampoco lo será sin fortalecer un sistema escolar y unos
centros educativos, pues todo lo que sea hacer guiños, o algo más como ocurre,
a la creación de oasis privilegiados de calidad, sólo llevará a incrementar aún
más las desigualdades. Y tampoco lo será, desde luego, sin que logremos algunos acuerdos mínimos y efectivos sobre quiénes han de ser
los profesores de estos tiempos, en
qué y cómo han de ser bien formados, por qué y cómo han de ser bien apoyados, y
también exigidos, para que vivan bien la profesión, desarrollen como es
menester sus mentalidades y capacidades, pues son imprescindibles para lograr
finalidades justas con todos y para todos. Necesitamos recomponer a fondo nuestra mirada y nuestros propósitos educativos,
echar mano de todo el buen conocimiento y experiencias disponibles para avanzar
en la provisión de una buena educación, más humana, democrática, justa y equitativa.
Y, por supuesto, constituir nuevas alianzas escolares, familiares, comunitarias
y sociales, implicando en la tarea a la niñez y la juventud de ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario